No, el ajo negro no nace así de la tierra…
El ajo negro es en realidad un ajo fresco que ha pasado por un proceso de maduración. Durante más de un mes, se somete a condiciones controladas de temperatura y humedad, lo que transforma completamente su aspecto, sabor y textura.
El resultado es sorprendente: las túnicas exteriores se tornan oscuras y los dientes de ajo cambian su color blanco-crema original por un color marrón oscuro casi negro.
Pero lo más interesante está en cómo cambian sus características organolépticas:
- Sabor: se vuelve dulce, suave y con notas que recuerdan al regaliz.
- Olor: desaparece el típico aroma penetrante del ajo fresco y aparecen matices balsámicos muy agradables.
- Textura: blanda y maleable, como una gominola.
Además de su sabor único, el ajo negro conserva las propiedades beneficiosas del ajo fresco y, según diversos estudios, incluso las potencia. Por eso, es perfecto tanto como snack saludable como para dar un toque creativo y gourmet a tus platos.
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